domingo, 30 de diciembre de 2018

Calendario - 30/12 - SANTIAGO HERMANO DE SAN JUAN, APÓSTOL (S)


El apóstol Santiago, primer apóstol martir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.



Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.



Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.



Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.



Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.



Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.


Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Patrimonio - El Panteón Real de San Isidoro en León, un tesoro hispánico sin parangón


Al igual que la pintura rupestre tiene su Capilla Sixtina en Altamira, la románica está en León, concretamente en el Panteón Real de San Isidoro. Aquí, la calidad y cantidad de los dibujos es tal que no tiene parangón en ningún otro lugar, y no hay que ser ningún experto para darse cuenta de ello.

La Real Colegiata Basílica de San Isidoro (que este es su nombre completo) es un conjunto de construcciones religiosas que se han ido superponiendo y adosando a lo largo de once siglos.

La Colegiata Basílica tiene una iglesia cuyo retablo mayor merece por sí solo una atenta visita.

En principio fue un sencillo monasterio que se construyó en el s.X junto a la muralla romana para albergar los restos de San Pelayo. Hoy es una iglesia, un claustro, un museo, una biblioteca, una torre… un grupo de edificaciones románicas con añadidos góticos, renacentistas, barrocos…

A pesar de su belleza, la fachada sur no llama demasiado la atención cuando se viene de ver la cercana catedral, maravilla gótica donde las haya. Sin embargo, la Colegiata Basílica tiene una iglesia cuyo retablo mayor merece por sí solo una atenta visita.

El museo custodia tesoros únicos, como el Cáliz de Doña Urraca (s. XI), que algunos identifican con el Santo Grial, o el Arca de los Marfiles (s. XI).

La biblioteca guarda 800 pergaminos, 150 códices y más de 300 incunables, entre los que destaca la Biblia visigótico-mozárabe del s. X.

El claustro románico es el más antiguo de España. Allí se celebraron las Cortes de León en 1188 y allí se redactó la Carta Magna Leonesa, reconocida por la Unesco como «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo».

Y domina el conjunto la llamada Torre del Gallo, coronada por una veleta en forma de gallo de cobre recubierta de oro, símbolo de la ciudad y de extraño origen oriental, posiblemente persa.

Con todo, la maravilla de las maravillas está muy cerca, a los pies de la iglesia: el panteón. En un cuadrado de solo 8 metros de lado, docenas de pinturas al temple (dicen los expertos que no hay que confundirlas con los frescos) recubren la totalidad de techos y muros.

Sobre las tumbas de 23 reyes y reinas, infantes y condes leoneses, los artistas hoy desconocidos desplegaron un libro de imágenes que narran el Evangelio como un cómic, única forma de que entendieran la historia los que no sabían leer, que entonces eran la inmensa mayoría.

Las figuras del Nuevo Testamento (desde la Anunciación a la Crucifixión), están vestidas con ropas medievales. De lejos puede dar la impresión de que se trata de mosaicos bizantinos, cuando en realidad es pintura sobre estuco.

Colores vivos que parecen pintados ayer; ausencia de perspectiva; volúmenes geométricos, como corresponde al más puro estilo románico.

Una maravilla que asombra y que tenemos la suerte de que esté muy cerca de todos nosotros.


Fuente: ABC

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Libros - ‘Mozárabes y mozarabías’. Manuel Rincón Álvarez


Los mozárabes fueron pobladores autóctonos peninsulares que, a la llegada de los musulmanes, decidieron permanecer en su tierra, con sus costumbres, sus tradiciones y cultura, aunque a costa de cesiones y del pago de tributos. Al cabo de más de cuatro siglos, se produjo un cierto grado de arabización en sus formas de vida.

Este libro cuenta el proceso de integración de la minoría mozárabe en la comunidad musulmana en sus diferentes etapas históricas, su vida cotidiana, sus luchas de identidad y su arte a través de un hipotético viaje por las pequeñas iglesias mozárabes que se conservan en la Península.

Cuando Alfonso VI entró en Toledo en 1085, todavía encontró una numerosa comunidad mozárabe que, aunque escribía en árabe, había mantenido su fe.

Finalmente, estas minorías quedaron aprisionadas por el apremio unificador cluniacense que entraba por los territorios cristianos del norte, mientras que por el sur sus huellas fueron arrasadas por el avance de almorávides y almohades. La conjunción de ambas dio como resultante la desaparición de una cultura de resistencia y de entendimiento.

Colección EH (Estudios Históricos y Geográficos)
Número 123
Año 2003
Páginas 217
Formato: LIBRO
ISBN: 978-84-7800-700-4
Precio: 18€

Fuente: www.eusal.es

martes, 18 de diciembre de 2018

Tradición - El milagro de la casulla de San Ildefonso


La noche del 18 de diciembre de 665 San Ildefonso, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia para cantar himnos en honor de la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante que sintieron temor. Todos huyeron, excepto Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hizo una seña con la cabeza para que Ildefonso se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: «Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla, la cual mi Hijo te envía de su tesorería». Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el 'Acta Sanctorum' como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. La importancia que adquiere este hecho milagroso sucedido en plena 'Hispania Ghotorum' y transmitido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos ha sido muy grande para Toledo y su catedral. Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita, respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María, a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana y que no se trata simplemente de una de las muchas historias piadosas que brotaron de la cultura popular. En la catedral los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

Ofrecemos a continuación la interpretación que Manuel López Castilleja hace de la cuaderna vía de Gonzalo de Berceo relatando el milagro.